lunes, 31 de agosto de 2015

LA PAVA Y LA HORMIGA
La paja en el ojo ajeno y la viga en el nuestro
¡Genial poema de Samaniego!



Al salir con las yuntas
Los criados de Pedro
El corral se dejaron
De par en par abierto.
Todos los pavipollos
Con su madre se fueron
Aquí y allí picando
Hasta el cercano otero
Muy contenta la pava
Decía a sus polluelos:
«Mirad, hijos, el rastro
De un copioso hormiguero.
Ea, comed hormigas,
Y no tengáis recelo,
Que yo también las como;
Es un sabroso cebo.
Picad, queridos míos:
¡Oh qué días los nuestros,
Si no hubiese en el mundo
Malditos cocineros!
Los hombres nos devoran,
Y todos nuestros cuerpos
Humean en las mesas
De nobles y plebeyos
A cualquier fiestecilla
Ha de haber pavos muertos.
¡Qué pocas Navidades
Contaron mis abuelos!
¡Oh glotones humanos,
Crueles carniceros! »
Mientras tanto una hormiga
Se puso en salvamento
Sobre un árbol vecino,
Y gritó con denuedo:
« ¡Hola! conque los hombres
Son crueles, perversos:
¿Y qué seréis los pavos?
¡Ay de mí! ya lo veo:
A mis tristes parientes,
¡Qué digo! a todo el pueblo
Sólo por desayuno
Os lo vais engullendo ».
No respondió la pava
Por no saber un cuento
Que era entonces del caso,
Y ahora viene a pelo.
« Un gusano roía
Un grano de centeno:
Le vieron las hormigas:
¡Qué gritos!
qué aspavientos!
« Aquí fué Troya (dicen):
Muere, pícaro perro ».
Y ellas ¿qué hacían?
Nada: Robar todo el granero...
Hombres, pavos, hormigas,
Según estos ejemplos,
Cada cual en su libro
Esta moral tenemos:
La falta leve en otro
Es un pecado horrendo;
Pero el delito propio
No más que pasatiempo.
SAMANIEGO

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domingo, 30 de agosto de 2015

LA NUBE Y LA FLOR
El fabulista francés Pedro de Lachambaudie reprende aquí la dureza de corazón que nos hace insensibles a las necesidades de nuestro prójimo.


ÁRIDO y seco es el llano;
El cielo ardiente y sin nubes:
Una sola que orgullosa
Sus áureos cambiantes luce,
Boga en los aires pausada,
Negligente como el buque
Que en el Océano perdido
Surca las ondas azules.
Sedienta, pálida y triste
Una tierna flor sucumbe:
Hacia los cielos procura
Elevar su frente dulce,
Y haciendo un esfuerzo, dice
De esta manera a la nube:
—¡Una gota de esa agua
De tu vasto seno encubre,
Sobre mi cáliz descienda
Por piedad, hermosa nube!
Me tiene Dios reservada
De esa lluvia que conduces
Algunas gotas: no impía
Y cruel me la rehúses.
¡Un poco de agua!... ¡Advierte
Que mi familia sucumbe,
Y que yo marchita muero
Porque la sed me consume!
Pero la nube altanera,
Despreciando la flor dulce,
Sus ya pálidos colores,
Sus delicados perfumes,
Se aleja, hallar evitando
Otra flor que la importune,
Y hasta su sombra negándole,
Tras de los montes se hunde.
Sobre el llano en mucho tiempo
Cruzar no se vió otra nube.
Se secó la flor hermosa
Del sol a la ardiente lumbre.
--De Lázaro así reía
El rico odioso, más luce
De Dios la justicia haciendo
Que los papeles se muden,
Y la avaricia del malo

No queda por fin impune.

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sábado, 29 de agosto de 2015

EL MANANTIAL

El célebre novelista y moralista ruso León Tolstoi (1828-1910), expone en el siguiente poema una hermosa máxima de desinteresada abnegación



ENTRE espadañas, mirto y romeros,
En calurosa tarde estival,
Hicieron alto los tres viajeros
Ante las aguas del manantial.
Robles gigantes le daban sombra,
Césped florido formaba alfombra
Junto al venero murmurador,
Y el agua clara, corriendo pura,
Prestaba al campo dulce frescura,
Hojas al árbol, vida a la flor.
Su sed calmaron los caminantes.
Y a los fulgores agonizantes
De la serena tarde estival,
Escrita vieron esta sentencia:
« Procura siempre que tu existencia
Sea como el agua del manantial.*
—No es mal consejo—dijo el más mozo,
— Y al comprenderlo siento que el gozo
Llama a las puertas del corazón;
Como el arroyo se trueca en río,
Correr el hombre debe, y con brío
Hacerse grande por la ambición.
—Es buen consejo—dijo pausado
Otro viajero grave y honrado;
Hay que ser puros para vencer;
Como las fuentes son las criaturas,
Y almas y linfas han de ser puras
Si cual espejos han de esplender.
—Noble enseñanza! ¡Sabio consejo!
—Dijo el viajero caduco y viejo;—
La sed templemos y, en odio al mal,
El bien hagamos con ansia inmensa,
Sin esperanzas de recompensa...

¡Como las aguas del manantial!.