sábado, 19 de septiembre de 2015

EL CALVO Y LA MOSCA

Picaba impertinente
En la espaciosa calva de un anciano
Una mosca insolente.
Quiso matarla, levantó la mano,
Tiró un cachete, pero se fue salva:
Hiriendo el golpe la redonda calva.
Con risa desmedida
La mosca prorrumpió:
Calvo maldito,
Si quitarme la vida
Intentaste por un leve delito,
¿ A qué pena condenas a tu brazo,
Bárbaro ejecutor de tal porrazo?
« Al que obra con malicia,
Le respondió el varón prudentemente;
Rigurosa justicia
Debe dar el castigo conveniente,
Y es bien ejercitar la clemencia
En el que peca por inadvertencia.
Sabe, mosca villana,
Que coteja el agravio recibido
La condición humana
Según la mano de donde ha venido:
Que el grado de la ofensa a tanto asciende,
Cuanto sea más vil aquel que ofende ».

SAMANIEGO.


domingo, 13 de septiembre de 2015

Leyenda de las Flores

EL PENSAMIENTO

Tres - Bonitas - Caras - Bajo-Una-Capucha es el delicioso nombre que las jóvenes aldeanas inglesas han dado al Pensamiento; y Trinitaria le han llamado en cambio las campesinas francesas.
Dícese que el Pensamiento tenía en sus primeros días de existencia un aroma más suave y delicado que su hermana la Violeta. Crecía en los campos entre el trigo, y era muy buscado a causa de sus bellos colores y exquisita fragancia, siendo esto causa de que los trigos quedasen estropeados por los que en busca de tan bella flor acudían.

No era, pues, raro que a la época de la cosecha, escasease el grano. Afligía esto profundamente a la flor, y un día de primavera rogó a la Divina Trinidad le privase de su suave perfume, pues no quería que por culpa suya se perdiese el fruto de las cosechas. Fue oída su plegaria: perdió la flor su aroma, y desde entonces las bellas campesinas francesas la llaman Planta de la Trinidad o Trinitaria.

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lunes, 7 de septiembre de 2015

POESIA DE SAMANIEGO

LA LECHERA
Llevaba en la cabeza
Una lechera el cántaro al mercado
Con aquella presteza,
Aquel aire sencillo, aquel agrado,
Que va diciendo a todo el que lo advierte:
¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!
Porque no apetecía
Más compañía que su pensamiento,
Que alegre la ofrecía
Inocentes ideas de contento
Marchaba sola la infeliz lechera
Y decía entre sí de esta manera:
« Esta leche vendida,
En limpio me dará tanto dinero:
Y con esta partida
Un canasto de huevos comprar quiero,
Para sacar cien pollos, que el estío
Me rodeen cantando el pío pío.
Del importe logrado
De tanto pollo, mercaré un cochino;
Con bellota y salvado,
Berza, castaña, engordará sin tino
Tanto, que pueda ser que yo consiga
Ver como se le arrastra la barriga.
Lo llevaré al mercado:
Sacaré de él sin duda buen dinero:
Compraré de contado
Una robusta vaca, y un ternero
Que salte y corra toda la campaña
Hasta el monte cercano a la cabaña
Con este pensamiento
Enajenada, brinca de manera,
Que a su salto violento
El cántaro cayó.
¡Pobre lechera! ¡Qué compasión!
Adiós leche, dinero,
Huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.
¡Oh loca fantasía,
Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría.
No sea que saltando de contento
Al contemplar dichosa tu mudanza,
Quiebre su cantarillo la esperanza.
No seas ambiciosa
De mejor ó más próspera fortuna,
Que vivirás ansiosa
Sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro:
Mira que ni el presente está seguro.
SAMANIEGO.

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domingo, 6 de septiembre de 2015

BREVES LEYENDAS SOBRE LAS FLORES

LA ROSA DE JERICÓ


La rosa de Jericó, se conoce también con el nombre de flor de la Resurrección », pues se le atribuye la propiedad de morir y volver después a la vida. Su origen tiene una hermosa leyenda.
Se dice que en aquellos días en que José y María huyeron de Belén con el Niño Jesús, para salvarle de la degollación de los inocentes, ordenada por el rey Herodes, la Sagrada Familia atra­vesó las llanuras de Jericó. Cuando la Virgen bajó del asno que montaba, esta florecilla brotó a sus pies, para saludar al Salvador, a quien María llevaba en brazos.

Durante la vida del Salvador en la tierra, la rosa de Jericó siguió floreciendo, pero cuando expiró en la cruz, todas estas rosas se secaron y murieron al mismo tiempo que Él. Sin embargo, tres días después, Cristo resucitó, y las rosas de Jericó volvieron a la vida, brotando y floreciendo sobre la llanura, como señal de la alegría de la tierra por la resurrección de Jesús.

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viernes, 4 de septiembre de 2015

LA ANÉMONA



Existía en antiguos tiempos la Ninfa de las Flores, cuyo nombre era Cloris, y a su jardín solía acudir el Espíritu del Viento de Occidente, Céfiro, enamorado de ella. Vivían en el jardín de la Ninfa de las Flores otras muchas hermosas ninfas, y, entre ellas, una jovencita llamada Anémona. Un día Céfiro, demostrando poca afición por Cloris, comenzó a cortejar a la gentil Anémona. Celosa e irritada aquélla, arrojó a Anémona de su jardín, para que pereciera en los bosques salvajes. Afortunadamente cruzó un día por ellos Céfiro, y viendo a la pobre Anémona moribunda, la convirtió en la blanca/amarilla y graciosa flor que crece al pie de los árboles cuando florece la primavera.

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miércoles, 2 de septiembre de 2015

EL HIELO, ARTISTA NOCTURNO
EL valle en paz dormía, la noche era serena;
El Hielo, gran artista, se asoma:
¡Enhorabuena! 
La hora es propicia y sola, nadie mi acción espía,
Trabajar podré libre; mostraré el arte mía,
Pues no soy semejante a mis parientes fieros
El granizo, la nieve, los vientos y aguaceros,
Que todo lo destruyen con fracaso horroroso;
Yo soy callado artista, que trabajo en reposo.
—Así decía el Hielo... Ríe la luna llena,
Mientras él va en silencio por la noche serena.
Y baja a los hogares en el valle durmiente,
Y en los cerrados vidrios tocando levemente,
Con hilillos de blonda plata teje encantadas,
Más bellas y sutiles que el manto de las hadas;
Y doquiera un instante se detiene, alentando,
A la luz de la luna un mundo va brotando
De flores deslumbrantes, de blancos arbolillos,
De níveas mariposas y de albos pajarillos;
Aquí templos de plata, de agujas relucientes,
Allí tupidas selvas, de ramos transparentes.
Todo se adorna súbito de blanca pedrería,
Y el Hielo exclama en triunfo:
—¡Cuán bella es la obra mía!
A veces, este artista de peregrino aliento
Su arte sutil practica en raro experimento.
Una noche de invierno visitó una alacena,
Por la ventana entrando, y pues ninguna cena
Los buenos campesinos le dejarán irritado
Unas jugosas frutas tornó en mármol helado,
De un vaso el agua clara, cristal hizo rocoso,
Y rajó en varias partes un cántaro valioso.
Y alegre murmuraba:
—¡Quedad enhorabuena,
Bien servidos, amigos, en la noche serena!

martes, 1 de septiembre de 2015

EL CRISANTEMO

En la Selva Negra (Alemania) vivía un campesino llamado Hermann. La víspera de Navidad, cuando regresaba a su casa, encontró a un niño pequeñito tendido sobre la nieve. Lo tomó en brazos y lo condujo al modesto hogar donde le aguardaban su esposa e hijos, quienes, compadeciéndose del pobre niño, compartieron alegremente con él la humilde cena que tenían preparada para aquella festividad.
El pequeño forastero permaneció toda la noche en la cabaña, y a la mañana siguiente, después de revelar que era el Niño Jesús, desapareció. Cuando volvió a pasar Hermann por el lugar donde había encontrado al Niño, vio que habían nacido entre la nieve unas flores hermosísimas. Tomando un buen puñado de ellas las llevó a su esposa, quien les dio el nombre de crisantemos, esto es, flores de Cristo, o más propiamente, flores de oro ». Y en lo sucesivo, toda Noche Buena, en memoria del pequeño visitante. Hermann y los suyos daban a algún niño pobre parte de la cena.

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lunes, 31 de agosto de 2015

LA PAVA Y LA HORMIGA
La paja en el ojo ajeno y la viga en el nuestro
¡Genial poema de Samaniego!



Al salir con las yuntas
Los criados de Pedro
El corral se dejaron
De par en par abierto.
Todos los pavipollos
Con su madre se fueron
Aquí y allí picando
Hasta el cercano otero
Muy contenta la pava
Decía a sus polluelos:
«Mirad, hijos, el rastro
De un copioso hormiguero.
Ea, comed hormigas,
Y no tengáis recelo,
Que yo también las como;
Es un sabroso cebo.
Picad, queridos míos:
¡Oh qué días los nuestros,
Si no hubiese en el mundo
Malditos cocineros!
Los hombres nos devoran,
Y todos nuestros cuerpos
Humean en las mesas
De nobles y plebeyos
A cualquier fiestecilla
Ha de haber pavos muertos.
¡Qué pocas Navidades
Contaron mis abuelos!
¡Oh glotones humanos,
Crueles carniceros! »
Mientras tanto una hormiga
Se puso en salvamento
Sobre un árbol vecino,
Y gritó con denuedo:
« ¡Hola! conque los hombres
Son crueles, perversos:
¿Y qué seréis los pavos?
¡Ay de mí! ya lo veo:
A mis tristes parientes,
¡Qué digo! a todo el pueblo
Sólo por desayuno
Os lo vais engullendo ».
No respondió la pava
Por no saber un cuento
Que era entonces del caso,
Y ahora viene a pelo.
« Un gusano roía
Un grano de centeno:
Le vieron las hormigas:
¡Qué gritos!
qué aspavientos!
« Aquí fué Troya (dicen):
Muere, pícaro perro ».
Y ellas ¿qué hacían?
Nada: Robar todo el granero...
Hombres, pavos, hormigas,
Según estos ejemplos,
Cada cual en su libro
Esta moral tenemos:
La falta leve en otro
Es un pecado horrendo;
Pero el delito propio
No más que pasatiempo.
SAMANIEGO

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domingo, 30 de agosto de 2015

LA NUBE Y LA FLOR
El fabulista francés Pedro de Lachambaudie reprende aquí la dureza de corazón que nos hace insensibles a las necesidades de nuestro prójimo.


ÁRIDO y seco es el llano;
El cielo ardiente y sin nubes:
Una sola que orgullosa
Sus áureos cambiantes luce,
Boga en los aires pausada,
Negligente como el buque
Que en el Océano perdido
Surca las ondas azules.
Sedienta, pálida y triste
Una tierna flor sucumbe:
Hacia los cielos procura
Elevar su frente dulce,
Y haciendo un esfuerzo, dice
De esta manera a la nube:
—¡Una gota de esa agua
De tu vasto seno encubre,
Sobre mi cáliz descienda
Por piedad, hermosa nube!
Me tiene Dios reservada
De esa lluvia que conduces
Algunas gotas: no impía
Y cruel me la rehúses.
¡Un poco de agua!... ¡Advierte
Que mi familia sucumbe,
Y que yo marchita muero
Porque la sed me consume!
Pero la nube altanera,
Despreciando la flor dulce,
Sus ya pálidos colores,
Sus delicados perfumes,
Se aleja, hallar evitando
Otra flor que la importune,
Y hasta su sombra negándole,
Tras de los montes se hunde.
Sobre el llano en mucho tiempo
Cruzar no se vió otra nube.
Se secó la flor hermosa
Del sol a la ardiente lumbre.
--De Lázaro así reía
El rico odioso, más luce
De Dios la justicia haciendo
Que los papeles se muden,
Y la avaricia del malo

No queda por fin impune.

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sábado, 29 de agosto de 2015

EL MANANTIAL

El célebre novelista y moralista ruso León Tolstoi (1828-1910), expone en el siguiente poema una hermosa máxima de desinteresada abnegación



ENTRE espadañas, mirto y romeros,
En calurosa tarde estival,
Hicieron alto los tres viajeros
Ante las aguas del manantial.
Robles gigantes le daban sombra,
Césped florido formaba alfombra
Junto al venero murmurador,
Y el agua clara, corriendo pura,
Prestaba al campo dulce frescura,
Hojas al árbol, vida a la flor.
Su sed calmaron los caminantes.
Y a los fulgores agonizantes
De la serena tarde estival,
Escrita vieron esta sentencia:
« Procura siempre que tu existencia
Sea como el agua del manantial.*
—No es mal consejo—dijo el más mozo,
— Y al comprenderlo siento que el gozo
Llama a las puertas del corazón;
Como el arroyo se trueca en río,
Correr el hombre debe, y con brío
Hacerse grande por la ambición.
—Es buen consejo—dijo pausado
Otro viajero grave y honrado;
Hay que ser puros para vencer;
Como las fuentes son las criaturas,
Y almas y linfas han de ser puras
Si cual espejos han de esplender.
—Noble enseñanza! ¡Sabio consejo!
—Dijo el viajero caduco y viejo;—
La sed templemos y, en odio al mal,
El bien hagamos con ansia inmensa,
Sin esperanzas de recompensa...

¡Como las aguas del manantial!.