sábado, 29 de agosto de 2015

EL MANANTIAL

El célebre novelista y moralista ruso León Tolstoi (1828-1910), expone en el siguiente poema una hermosa máxima de desinteresada abnegación



ENTRE espadañas, mirto y romeros,
En calurosa tarde estival,
Hicieron alto los tres viajeros
Ante las aguas del manantial.
Robles gigantes le daban sombra,
Césped florido formaba alfombra
Junto al venero murmurador,
Y el agua clara, corriendo pura,
Prestaba al campo dulce frescura,
Hojas al árbol, vida a la flor.
Su sed calmaron los caminantes.
Y a los fulgores agonizantes
De la serena tarde estival,
Escrita vieron esta sentencia:
« Procura siempre que tu existencia
Sea como el agua del manantial.*
—No es mal consejo—dijo el más mozo,
— Y al comprenderlo siento que el gozo
Llama a las puertas del corazón;
Como el arroyo se trueca en río,
Correr el hombre debe, y con brío
Hacerse grande por la ambición.
—Es buen consejo—dijo pausado
Otro viajero grave y honrado;
Hay que ser puros para vencer;
Como las fuentes son las criaturas,
Y almas y linfas han de ser puras
Si cual espejos han de esplender.
—Noble enseñanza! ¡Sabio consejo!
—Dijo el viajero caduco y viejo;—
La sed templemos y, en odio al mal,
El bien hagamos con ansia inmensa,
Sin esperanzas de recompensa...

¡Como las aguas del manantial!.

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