EL
HIELO, ARTISTA NOCTURNOEL valle en paz dormía, la noche era serena;
El Hielo, gran artista, se asoma:
—¡Enhorabuena!
La hora es propicia y sola, nadie mi acción espía,
Trabajar podré libre; mostraré el arte mía,
Pues no soy semejante a mis parientes fieros
El granizo, la nieve, los vientos y aguaceros,
Que todo lo destruyen con fracaso horroroso;
Yo soy callado artista, que trabajo en reposo.
—Así decía el Hielo... Ríe la luna llena,
Mientras él va en silencio por la noche serena.
Y baja a los hogares en el valle durmiente,
Y en los cerrados vidrios tocando levemente,
Con hilillos de blonda plata teje encantadas,
Más bellas y sutiles que el manto de las hadas;
Y doquiera un instante se detiene, alentando,
A la luz de la luna un mundo va brotando
De flores deslumbrantes, de blancos arbolillos,
De níveas mariposas y de albos pajarillos;
Aquí templos de plata, de agujas relucientes,
Allí tupidas selvas, de ramos transparentes.
Todo se adorna súbito de blanca pedrería,
Y el Hielo exclama en triunfo:
—¡Cuán bella es la obra mía!
A veces, este artista de peregrino aliento
Su arte sutil practica en raro experimento.
Una noche de invierno visitó una alacena,
Por la ventana entrando, y pues ninguna cena
Los buenos campesinos le dejarán irritado
Unas jugosas frutas tornó en mármol helado,
De un vaso el agua clara, cristal hizo rocoso,
Y rajó en varias partes un cántaro valioso.
Y alegre murmuraba:
—¡Quedad enhorabuena,
Bien servidos, amigos, en la noche serena!
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